Sobre mi
Mi nombre es Yorge, aunque muchos me conocen como Yorch.
Ese nombre nació casi por casualidad, cuando llegué a España y noté que mi nombre no era tan fácil de pronunciar. Una compañera de trabajo empezó a llamarme así… y se quedó. Hoy forma parte de mi identidad como artista.
Mi camino en el arte comenzó en Cuba, donde estudié la carrera de Instructor de Arte. Aunque enseñar nunca fue lo mío —siempre he sido más bien tímido—, el arte en todas sus formas ha sido y sigue siendo mi verdadera pasión. De esas que no se apagan, aunque a veces la vida te obligue a apartarte de ellas.
En mis inicios, como muchos artistas cubanos, el tatuaje era algo completamente artesanal: máquinas improvisadas, pocos recursos y mucho instinto. No había conocimiento técnico, solo curiosidad y ganas de crear. Aun así, esas primeras experiencias dejaron una huella que nunca desapareció.
Cuando llegué a España en 2018, el arte no estaba entre mis planes. Venía de un lugar donde vivir de él era muy difícil, así que lo dejé atrás… o eso pensaba.
Fue durante la pandemia, en medio del silencio y el encierro, cuando sentí que necesitaba volver a crear. Empecé por el diseño gráfico, pero una conversación con mi hermana lo cambió todo: me recordó cuánto me había gustado siempre el tatuaje.
Decidí intentarlo sin expectativas. Poco a poco, aprendiendo de forma autodidacta, practicando, fallando y volviendo a empezar. No fue fácil retomar el dibujo ni el pulso después de tantos años, pero cuando algo se hace con amor, paciencia y constancia, los resultados llegan.
Hoy soy tatuador porque amo lo que hago.
Cada tatuaje es una responsabilidad, una historia que alguien decide llevar en su piel. Y mi objetivo es que cada persona que confíe en mí se lleve algo más que un buen tatuaje: una experiencia cuidada, honesta y hecha con pasión.
